Cada 8 de diciembre, el Día de la Inmaculada Concepción invita a las familias a reencontrarse con la fe, la esperanza y la serenidad del espíritu. Más allá de las luces, los pesebres y la decoración navideña, este día es un momento de recogimiento interior: una pausa para agradecer, pedir protección y renovar el vínculo con lo divino.
Entre las tradiciones más arraigadas, colocar flores junto a la imagen de la Virgen María es un gesto que trasciende lo decorativo y se convierte en una forma de oración silenciosa. Pero, ¿por qué surgió esta costumbre de ofrecer flores a la Virgen?
Orígenes históricos de la tradición floral
La costumbre de rendir homenaje a la Virgen María con flores tiene raíces profundas en la historia del cristianismo y se ha desarrollado a lo largo de los siglos en diversas culturas y regiones.
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Siglos III y IV: Una de las primeras referencias documentadas a la práctica de ofrecer flores en contextos litúrgicos se encuentra en la Traditio Apostolica, alrededor del año 215. Los cristianos ofrecían rosas y lirios como parte de sus rituales religiosos, simbolizando pureza y amor.
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Siglos XIII al XVIII: En Europa, se consolidó la devoción mariana a través de prácticas como las "Flores a María", himnos y poemas dedicados a la Virgen. Cada día de mayo se asociaba con una flor y una virtud mariana, creando una liturgia popular aún vigente hoy en día.
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Siglo XVI: San Felipe Neri en Roma enseñó a los jóvenes a adornar la imagen de la Virgen con flores, cantar alabanzas y ofrecer actos en su honor, expandiendo la tradición entre los fieles.
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Siglo XVII: En el noviciado dominicano de Fiesole (Florencia), el Papa Angelo Domenico Guinigi fundó la cofradía Comunella, dedicando el mes de mayo a la Virgen con ejercicios de devoción, incluyendo la ofrenda de flores.
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Siglo XIX: La Iglesia Católica institucionalizó el mes de mayo como mes mariano. La práctica de ofrecer flores a la Virgen se consolidó en muchas comunidades cristianas alrededor del mundo.
El lenguaje espiritual de cada flor
Rendir homenaje a la Virgen con flores no es solo un acto estético: es un momento de conexión y reflexión. Cada pétalo puede ser una oración silenciosa; cada aroma, un mensaje de gratitud y esperanza.
Podemos crear un pequeño altar en casa con flores frescas, una vela y una intención escrita, o simplemente colocar un ramo junto a la imagen de la Virgen. Lo importante no es la cantidad de flores, sino la intención con la que se ofrece el homenaje. Este acto sencillo se convierte en un gesto profundo que une generaciones y fortalece la fe.
Cada flor tiene un mensaje y puede reflejar nuestras intenciones más profundas: los lirios blancos simbolizan pureza y son el simbolo de la Virgen por excelencia; las rosas blancas o rosadas, amor y devoción; las hortensias celestes, nos recuerdan al manto de la Virgen; y las margaritas, representan alegría interior.
El acto de ofrecer flores a la Virgen nos recuerda que los gestos más simples pueden tener un profundo significado.
En cada flor se deposita gratitud, amor y esperanza; se convierte en un puente entre lo terrenal y lo espiritual, un recordatorio de que la belleza y la devoción pueden coexistir en armonía.

Fuentes
“Estas son las razones por las que se dedica el mes de mayo a la Virgen María” – Catholic Herald
https://www.catholicherald.com/es/article/en-espanol/internacional/estas-son-las-razones-por-las-que-se-dedica-el-mes-de-mayo-a-la-virgen-maria/
“Flores que hablan al corazón: 10 especies que reflejan la belleza y virtudes de la Virgen María” – EWTN
https://ewtn.es/noticias_destacadas/flores-que-hablan-al-corazon-10-especies-que-reflejan-la-belleza-y-virtudes-de-la-virgen-maria/
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